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Historia de Nuestro Pueblo, Manatí

La Historia de Manatí

Todos los pueblos como los grandes hombres tienen su historia, la nuestra no es menos importante y mas cuando analizamos el origen de nuestro apelativo Atenas. Razones de peso existieron en las primeras décadas de este siglo para que los de aquí tuvieran a bien establecerse este raro contraste entre Manatí y Atenas de Grecia . Para descifrar este enigma es necesario conocer sobre Atenas de Grecia de la que adquirimos nuestro apelativo. La historia de esta antigua ciudad estado es única , tuvo un desarrollo económico y cultural de gran magnitud, florecieron las artes, las letras y las ciencias. El pensamiento humano alcanzó una altura inigualable. Hombres como Sócrates, Platón y Aristóteles vivieron allí y sus ideas siguen siendo estudiadas por los filósofos contempo-ráneos. Fue escenario de las primeras representaciones teatrales y fue Atenas de Grecia la cuna de la democraciaTodos los pueblos como los grandes hombres tienen su historia, la nuestra no es menos importante y mas cuando analizamos el origen de nuestro apelativo Atenas. Razones de peso existieron en las primeras décadas de este siglo para que los de aquí tuvieran a bien establecerse este raro contraste entre Manatí y Atenas de Grecia . Para descifrar este enigma es necesario conocer sobre Atenas de Grecia de la que adquirimos nuestro apelativo. La historia de esta antigua ciudad estado es única , tuvo un desarrollo económico y cultural de gran magnitud, florecieron las artes, las letras y las ciencias. El pensamiento humano alcanzó una altura inigualable. Hombres como Sócrates, Platón y Aristóteles vivieron allí y sus ideas siguen siendo estudiadas por los filósofos contempo-ráneos. Fue escenario de las primeras representaciones teatrales y fue Atenas de Grecia la cuna de la democracia.

Manatí fue un centro agrícola importante debido al cultivo de caña, tabaco, piña, toronja y otros frutos menores, fue además centro de distribución de café. Proveyó fuentes de empleo en la famosa fabrica de cigarros La Colectora. La mercaderia tuvo un constante ir y venir a través del ferrocarril y las goletas que zarpaban en Palmas Altas entonces parte de Manatí. El abundante ganado caballar que fue propio para diversas transacciones hacían que la vida en Manatí fuera muy activa. Esto sin lugar a dudas mantenia un constante fluír de gente lo que provocó el advenimiento a nuestro pueblo de un nutrído grupo de personas con variados interéses.

Manatí ocupa un lugar privilegiado en la cultura puertorriqueña ya que en la primeras decadas del siglo veinte debido a la confluencia de una serie de factores económicos, sociales, politicos y sobre todo culturales, ganó Manatí el apelativo de Atenas de Puerto Rico.

En aquel momento de explendor vivieron en suelo manatieño primerísimos músicos y poetas como Josefino Parés, Rafael Balseiro, Fernando Callejo, Clemente Rámirez de Arrellano, Enrique Zorrilla, Juan R. Parés, Felix Córdoba Dávila, José de Jesús Esteves, Angel Villamil, José S. Alegria, Luis A. Miranda y Epifanio Fernadez Vanga entre otros.

Nuestra Historia

Manatí fue fundado oficialmente en el 1738 por Don Sebastían Antonio de Villafaña y Don Pedro Menéndez de Valdés fue su primer alcalde. Manatí ha tenido 69 alcaldes siendo el actual incumbente el Hon. Juan A. Cruz Manzano quien comienza su administración en el 1977.

La historia de Manatí ha estado ligada intimamente a la historia de Puerto Rico cuando en el 1508 se inició la colonización de Puerto Rico fue en Manatí el primer lugar donde los españoles dirigidos por Don Juan Ponce de León levantaron un campamento para dedicarse a la explotación del oro en el valle del río al que los indígenas llamaban Manatuabón el que era uno de los conocidos ríos de oro de Puerto Rico.

Mientras se trabajaba en la busqueda de oro en el río se continuo en la exploración que llevó a descubrir el valle del Toa y la Bahía de San Juan. Después de estos descubri-mientos se decidió abandonar el Valle de Manatí y establecer un poblado permanente en los terrenos próximos a la bahía es decir Caparra. Esta estadía en el área del Manatuabón fue muy corta poco mas de un mes, situación que evitó que Manatí se hubiese convertido en la Capital de Puerto Rico en vez de San Juan. Una vez establecidos en Caparra igualmente establecieron en el Valle del Toa el centro desde el cual se llevaría a cabo el trabajo de exploración, la explotación del oro, la experimentación de productos agrícolas y la producción de alimentos. Desde el Toa se enviaban los grupos de trabajo que explotaban el oro de los ríos incluyendo el Manatuabón. La desaparición de los indios y la escases de los negros obligó a detener el trabajo en el Valle de Manatí y el lugar quedó en el abandono durante el resto del siglo (según algunos).

Un silencioso testigo de la historia de Manatí lo es su río en cuya desembocadura se encuentra un importante yacimiento arqueólogico que nos recuerda el encuentro de Ponce de León y nuestros indígenas, igualmente un yacimiento de la epoca pre taína de los años 600/1200 en el yacimiento del Mero en la jurisdicción de Barceloneta que antiguamente era parte de Manatí. Además uno de los yacimientos mas importantes el de Angostura que según los expertos el primer poblamiento humano se realizó en esta área y que tiene fechamientos de sobre seis mil años de arcaicos recolectores del norte de Sur America.

El Río Grande de Manatí (antiguamente Ana y Manatuabón) nace en el Barrio Barrancas de Barranquitas, a unos 680 metros (2,225 pies) de altura sobre el nivel del mar y desemboca en el océano Atlántico entre los municipios de Manatí y Barceloneta en el sector conocido como La Boca, después de haber recorrido unos 73 kilómetros (45 millas). Es por tanto, el segundo río más largo de Puerto Rico después de la Plata. Además es el tercero de más caudal y el cuarto que mayor extensión desagua o drena. Su área de captación es de 580 kilómetros cuadrados (224 millas cuadradas) y abarca los municipios de Barranquitas, Ciales, Corozal, Naranjito, Morovis, Orocovis, Florida, Barceloneta y Manatí. Sus afluentes son los ríos Orocovis (que a su vez recibe las aguas de varios afluentes, entre ellos los ríos Botijas y Cañabón); Sana Muertos, Toro Negro (entre cuyos numerosos afluentes se cuentan los ríos Matrullas, Bauta y Culebra), Cialitos (que recibe las aguas del río Barbas); y las quebradas Riachuelo, Las Animas, La Mina, Perchas, del Muerto, Minas, otra de nombre Riachuelo, Grande de San Lorenzo, Saliente, Cojo Vales, Ventana, Los Quiñones, Pugnado, Limones, Los Terrores, Cimarrona, y los caños Los Nachos y Salado.

Mucho antes de su fundación a comienzos del siglo 17 un pequeño grupo de personas establecieron una aldea en un alto al este del valle. La comunidad que en este sitio comenzó a coger forma tardó mas de un siglo al conseguir que se le reconociera como pueblo. La primeras manifestaciones de reconocimiento se le dieron en el 1729 cuando se inauguró la capilla a la cual se le asignó un cura párroco y el pueblo adoptó a la Virgen de La Candelaria como su Santa Patrona. Tres años después el cabildo de San Juan le asignó a Manatí un teniente a guerra. Poco después en el 1738 el Rey Felipe Quinto reconocía a esta comunidad como uno de los pueblos dede la isla.

El año de la fundación de Manatí fue uno de infortunios ya que fue atacado por dos huracanes Santa Rosa y San Leoncio. Una plaga de gusanos arruinó las cosechas y se padeció hambre al no haber llegado barco alguno de la península durante todo un año.

Hay varias versiones sobre el origen del nombre de nuestro pueblo. Se han identificado por los cronistas de la conquista y la colonización, cuatro nombres para Manatí; Ana, Manatuabón, Guayaney, y Manatí. Se dice que el nombre de Manatí proviene de la abundancia del mamífero marino Manatí el cual se acostumbraba a ver en la desembocadura de nuestro Río Grande de Manatí antiguamente conocido Manatuabón. Manatuabón es el nombre de origen indígena que según la otra versión da base al nombre del pueblo. El Manatí es una especie protegida en peligro de extinción.

Desde el otro ángulo de historia

A pesar de su fundación oficial en el 1738 nos llegan informaciones historiográficas que nos remontan en el tiempo para conocer un poco mas sobre nuestra historia.Nos remontamos al 12 de julio de 1508, zarpa desde La Española un carabelón con ocho marineros y cuarentidos acompañantes bajo el mando de Don Juan Ponce de León, el destino, Borinquén. Luego de hacer escala en Isla de Mona para aprovisionarse de casabe, arriba a algún punto de la costa sur, iniciando por este lado la ruta de reconocimiento y exploración de la Isla. En su trayectoria hacia el sureste entabló conversaciones con importantes caciques, entre ellos Agueybaná. Fondeando la costa norte observó tres posibles lugares para establecerse: la bahía de Puerto Rico (San Juan), la desembocadura del Río Toa (Río La Plata) y la del Río Ana (Río Grande de Manatí).

La decisón final debía estar respaldada por varias condiciones : primero, cumplir con el requisito básico de la época de poseer una bahía natural con fácil acceso al mar; segundo, contar con una colina cercana que sirviese de observatorio para prevenir cualquier ataque por mar o tierra. Pero sobre todo, que hubiese un río cercano ( si dos mejor) con gran potencial aurífero y un poblado del cual pudiesen obtener la fundamental mano de obra para dedicarla a la extracción del oro y al cultivo de los productos de subsistencia. Ponce de León ya tenía noticias del potencial minero de varios ríos de la costa norte, por medio de conversaciones con caciques. El cronista Gonzálo Fernández de Oviedo nos dice: Agueybaná le había informado a su nuevo vecino sobre la existencia de “algunos ríos de oro, en especial el que se dice en aquella lengua, Manatuabón, y otro que llaman Cebuco”(Vale la pena señalar que el cacique había enviado al otro lado de sus dominios a Ponce de León).

En una carta a Ovando, fechada el primero de mayo de 1509, Ponce de León le narra las peripecias que vivió antes de que se estableciera en Caparra, donde casi un año antes (1508) había intentado establecer asiento en la isleta de hoy San Juan. Pero pronto la descartó porque no poseía agua y posiblemente por lo distante de los ríos que tenía en mente explotar. Decidió entonces moverse ocho leguas costa abajo donde hay un río que se llama Ana, que podría entrar en el caravelón y allí ancló y descargó en tierra todo lo que llevaba. El Río Ana era el Manatuabón que menciona Fernández de Oviedo en sus crónicas. Allí estuvo viviendo por alrededor de un mes. Al no estar todavía satisfecho, decidió explorar por tierra las ventajas que le presentaba el Toa; no convencido, pasó a la isleta de San Juan, la cual descarta nuevamente, optando por regresar a las márgenes del Manatuabón. Entonces, más animado, decidió construir en este lugar “asiento, desembarcadero, caminos…Esto es, levantó bohíos – habitación indígena que fue rápidamente incorporando tanto en su arquitectura como su vocablo-, un desembarcadero y los caminos o estrechas veredas para mover el oro. Pero desconociendo las características marinas de la costa norte, se topó con el problema de que “ en este tiempo se metió una mar de levadía de la parte del norte, en manera que conocí estar engañado con el puerto”. Esta condición lo condujo a descartar definitivamente el primer poblado español, situado en las márgenes del Río Manatuabón. Y así Manatí perdió la oportunidad de haber sido la capital de Puerto Rico en vez de San Juan.

El resto del proceso es harto conocido. Funda el poblado de Caparra, retirado de la desembocadura del hoy Río Bayamón, buscando protegerse de las enfermedades que podían causar los pantanos costeros de esa zona. Allí permaneció por cerca de once años (1508 a 1519), hasta que un grupo de vecinos influyentes lograron que la Corona aceptase el traslado final a la isleta de Puerto Rico, aun sobre la oposición del conquistador.

Con la ida de Ponce de León hacia Caparra probablemente el área del Río Manatuabón no quedó abandonada. Como era de esperar, hubó explotación de sus riquezas por un número de años indeterminado. Lo cierto es que, según el informe al rey del gobernador Juan de Mergarejo, en los contornos del Manatuabón se había logrado desarrollar una solida economía sustentada en la extracción. Cuando agotaron el mineral a flor de superficie y mermaron la mano de obra indígena, los vecinos cambiaron hacía la agricultura y la crianza de ganados y posiblemente al cultivo de caña utilizando algún trapiche simple para su elaboración.

Aunque se dice que para el 1582 el valle del Manatuabón estaba despoblado por la falta de mano de obra indígena, probablemente esto no era del todo cierto, ya que el cuadro que intentaba presentar el gobernador al rey era el de una situación critica, a fin de que éste promulgase una serie de medidas que sacaran a flote la tambaleante ocupación española en la isla, lo que tiende a sugerir que esta zona no se despobló de españoles y al hecho de una petición en 1611 del Cabildo de San Juan a la Corona solicitando el nombramiento de un alcalde mayor para una zona en le que se incluía a Manatí. El resultado de esta petición fue el nombramiento de Tenientes a Guerra; Manatí sin embargo, fue adscrito a la jurisdicción de la rivera del Toa.

En resumen, lo mas importante de la solicitud de 1611 es el hecho de que para esa fecha se estaba formando un poblado, compuesto por un pequeño grupo de familias, que iba creando los cimientos económicos y culturales que daría base para la ulterior fundación del municipio de Manatí.

La Iglesia y la Fundación de Manatí

La fundación de los pueblos estaba intimamente ligada al establecimiento de la Iglesia. La íglesia que sirvió de origen para la fundación de Manatí lo es La Iglesia Nuestra Señora de La Candelaria y San Matías Apóstol (declarada Monumento histórico Nacional) que se inaugura en el 1729 y que es uno de los templos más antiguos y hermosos de Puerto Rico. Mucho antes de su fundación los manatieños habían hecho varios intentos por convertirse en pueblo pero por el estado de pobreza de la época no podían sostener el culto. En el área iban creciendo grupos poblacionales los que se congregaban con interéses comunes. Una de las expresiones mas visibles de estos interéses era la fabricación de ermitas o pequeñas capillas. La finalidad práctica de construirla era librarse un poco de los largos y dificultuosos recorridos hasta las parroquias designadas, especialmente cuando tenían que cargar un difunto en una hamaca para enterrarlo en el atrio de la parroquia, distante a muchos kilómetros de sus casas, entonces había que pensar en el viaje mas de una vez. Esta situación explicaba, en parte lo poco frecuente que era la asistencia a misa y el desarrollo de un sincretismo religioso, del cual surge la fabricación de imágenes o santos en madera para rezar en los hogares. Manatí contó mucho antes de su fundación con una ermita que forma parte de la estructura actual de la Iglesia y muy probablemente existió para finales del 1580 y que se conoció como La Iglesia de la Pura y Limpia Concepción de Maria.

Manatí en la bandera de Puerto Rico

La bandera de Puerto Rico fue diseñada por Don Antonio Vélez Alvarado; un manatieño. En el día de hoy la ciudad de Manatí, está celebrando una variedad de actividades en las que conmemora la fecha en que un manatieño diseño la bandera de Puerto Rico. Me complace reconocer que tres instituciones de esta comunidad, celebran hoy sendas fiestas en las que atraen al pueblo a disfrutar la fiesta de la bandera de Puerto Rico. Celebra Manatí el orgullo de saber, que la bandera aceptada por todos los puertorriqueños fue diseñada por un hijo del barrio Coto de Manatí. Fue creada por don Antonio Vélez Alvarado. Las tres instituciones que han hecho el compromiso de atraer la atención del pueblo de Puerto Rico a esta celebración son: El Comité Amigos de la Bandera, el Centro Cultural José S. Alegría y el Gobierno Municipal de Manatí.

Esta fiesta que se viene llevando a cabo en Manatí desde hace ya varios años, ha tomado una formidable fuerza, después que apareciera la publicación de un libro y varios escritos en periódicos y revistas, en los que se niega que don Antonio Vélez Alvarado fuera el creador de la bandera de Puerto Rico. Más adelante nos referiremos a la circunstancia en que nació la bandera de Puerto Rico, pero antes nos proponemos dejar en el conocimiento del auditorio, la relación que tuvo la sociedad manatieña con el momento histórico que coincidió con la vida de Antonio Vélez Alvarado y con el momento en que nació nuestra bandera. Expondremos además la influencia que tuvo el sentimiento patriótico de muchos manatieños en la formación del carácter revolucionario de don Antonio Vélez Alvarado.

Desde comenzada la segunda mitad del siglo XIX, Manatí era una comunidad en creciente desarrollo económico y social. En el pueblo había una rica clase de propietarios y de comerciantes, cuyos hijos se convirtieron en los señores dueños de la tierra, los que controlaban el comercio y los que ocupaban las profesiones del pueblo. Esa clase propietaria la descubrimos cuando examinamos los censos y informes de riquezas de los años transcurridos entre 1870 y 1899.
Los nuevos propietarios manatieños temían ser desplazados por los comerciantes españoles y, aunque en la jurisdicción de Manatí el hombre de mayor riqueza era el español Salvador Calaf, quien fue el fundador de la Hacienda Monserrate, la persona que dirigía los negocios de don Salvador era su hijo Federico. Este acaudalado joven manatieño era simpatizante del movimiento liberal de Puerto Rico. Así lo confirman numerosas contribuciones económicas que a los liberales hizo.

A lo largo del mencionado período de tiempo, en Puerto Rico había una confrontación entre propietarios puertorriqueños y propietarios españoles y esa lucha en Manatí tenía un significado muy particular. En los años setentas Manatí sufría los atropellos que le causaba, José Ramón Fernández, el presidente del Partido Incondicional Español. Este señor, conocido en toda la Isla por el título de Marqués de la Esperanza, era también el dueño de la conocida hacienda La Esperanza, la más grande del litoral. El señor Fernández tenía influencias en los gobernadores que se enviaban a Puerto Rico e influyó en el gobernador José Laureano Sanz para conseguir que sus partidarios se colocaran en la dirección de los gobiernos municipales. En Manatí logró el puesto de alcalde para su amigo y partidario, don Bonocio Casellas. Durante el gobierno de Bonocio Casellas, el señor Fernández se apropió de un caño que cerpenteaba el valle de Bajura para transportar sus cañas desde su hacienda hasta el camino que conducía al puerto de Arecibo. Dragó el caño y al dragarlo dejó incomunicada la gente que vivía al oeste del municipio.

La falta de consideración al pueblo fue condenada por los partidarios del liberalismo en Manatí. La mayor contundente crítica la hizo Juan Ramón Ramos Vélez, cuando fue alcalde en 1873. En el informe del año escribió Ramos sobre el dragado del caño que hizo el marqués. El escrito decía en una de sus partes: «Antes, aunque en las horas de flujo y reflujo se ponía algo hondo, se pasaba sin inconveniente; pero habiendolo hecho limpiar el marqués para hacerlo navegable y poder pasar por ahí sus azúcares en su enorme “plancha” hasta cerca del pueblo donde los toman los carros, en las horas de flujo y reflujo impide totalmente el paso, recibiendo sólo y exclusivamente beneficio de él el Marqués, con perjuicio del comercio y del vecindario” .

El que denunciaba a José Ramón Fernández lo hacía por el compromiso que tenía como miembro dirigente del liberalismo en Manatí. Este luchador fue perseguido en 1874 por el gobierno del general Sanz. Perseguidos también fueron los establecimientos donde se reunían los liberales. Uno de los establecimiento que en Manatí fue invadido varias veces por la Guardia Civil, para arrestar a los liberales que allí se reunían, fue el Café de José Piñol.
Las décadas de 1880 y 1890 fueron períodos históricos en los que se describe la actividad del movimiento liberal en Manatí. En el mes de mayo de 1892 se decretó en Puerto Rico una nueva ley de Aranceles que sustituía la Ley de Relaciones Comerciales de 1882. Este decreto perjudicaba la producción de azúcar, la que ese momento se encontraba en el peor momento del siglo. Contra ese decreto hubo una contundente expresión de la clase dirigente del pueblo de Manatí y, aunque el Ayuntamiento dio por buena la Ley, un número de miembros de esa clase dirigente, hizo pública su protesta en una carta que dirigió al gobierno. Los que quedaron en récord en esta protesta fueron Juan Ramón Ramos, Clemente Ramírez de Arellano, Epifanio Fernández Vanga, Antonio Miranda, Salomón Dones, Juan Escudero Miranda, Arturo Quintero, Basilio Vélez Alvarado (hermano de don Antonio) y el licenciado Francisco Y. Náter.

El pueblo de Manatí fue en la década de 1890 un hervidero de tertulias que se llevaban a cabo en los café, las boticas, las pulperías y los ventorrillos de los diferentes barrios y los talleros de tabacaleros. La militancia del liderato liberal del pueblo influenció incluso a los niños. Un ejemplo de esto lo ofrece un anécdota ocurrido en el momento en que se dio la noticia de la muerte en combate del general Antonio Maceo en la guerra de independencia de Cuba.El Ministro de Ultramar cablegrafió al gobernador de Puerto Rico, Sabas Marín, comunicándole que habían matado al general Antonio Maceo. El gobernador telegrafió a todos los alcaldes de la Isla para que celebraran el acontecimiento. Decía el telegrama del gobernador: «Gobernador General a Alcaldes: Ministro de Ultramar en cablegrama que acabo de recibir me dice: general encargado de despacho Habana participa muerte cabecilla Maceo. Lo comunico para conocimiento de todos los habitantes leales de esa Isla. Tan pronto se leyó el telegrama se declaró el día de fiesta y se envió a la guardia para que fuera a las escuelas para que avisara a los maestros que despacharan a los estudiantes. Cuando la noticia llegó a una escuela de Barceloneta, que entonces era parte del municipio de Manatí, y el maestro leyó la comunicación oficial, un niño de esa escuela llamado José S. Alegría, se echó a llorar y salió corriendo de la escuela. Los vecinos inmediatos a la escuela lo llevaron a la casa de un patriota llamado Eufemio Santiago y éste lo consoló diciéndole: «No llores, hijo mío, que si han matado a Maceo, surgirán muchos Maceos».

Los relatos que hemos traído evidencian que en Manatí había un fuerte sentimiento patriótico desde la década de 1870 y que ese sentimiento fue creciendo en las décadas de 1880 y 1890. Evidencian además que Antonio Vélez Alvarado y toda su familia eran parte de las fuerzas liberales del país y que había sintonía entre el trabajo patriótico que Antonio Vélez Alvarado realizaba en Nueva York, con la agitación política que se daba en gran parte de Puerto Rico, y que esa acción era muy contundente en la municipalidad de Manatí. La causa de toda la acción que en Manatí se manifestaba era parte del compromiso creciente que en Puerto Rico había con la lucha por la independencia de Cuba. Esa lucha que José Martí, gestaba en Nueva York, se extendió y resonó en Cuba y en esa causa se envolvía también el liberalismo puertorriqueño. Ese envolvimiento era muy visible en el pueblo de Manatí. Un dato más que confirma nuestras aseveraciones, aparece en una carta que el gobernador de Puerto Rico en 1896, le envió al alcalde de Manatí. En la que le decía que tenía conocimiento de que se estaban permitiendo tertulias en las pulperías de la zona rural.

El movimiento revolucionario que motivó la creación de la bandera de Puerto Rico tuvo su inspiración en el Partido Revolucionario Cubano que fundó José Martí. Pero la lucha de José Martí había sido precedida por otros movimientos relacionados con el separatismo antillano. Dos de ellos ocurrieron entre los últimos años de la década de 1840 y comienzos de los años cincuentas. A estos movimientos le siguió, la organización de la Revolución en Puerto Rico, la que fue abortada en Lares, y la guerra que inició el Grito de Yara.
Los movimientos que tomaron forma en la década de 1840, se originaron uno en París y el otro en Nueva York. En París tuvo nacimiento la lucha por la independencia de las Antillas como proyecto revolucionario ideado por Ramón Emeterio Betances. Este movimiento comenzó a tomar forma durante la revolución que echó abajo la monarquía francesa en 1848. Betances era hijo de un dominicano que era propietario en Cabo Rojo. desde niño fue enviado a estudiar a Francia y en 1848, durante la Revolución de los franceses, de la cual fue parte, el joven caborrojeño inició su campaña por la independencia de las Antillas.

Poco antes de la intervención noreamericana en la Guerra de Independencia de Cuba, Betances recordaba el momento en que él había iniciado, cincuenta años atrás, la lucha por la libertad de las Antillas. Fue en 1848 -decía- durante el proceso revolucionario francés. En ese movimiento participaba y en la propagación de las causas de esa revolución, comenzó a publicar escritos en los que comunicaba el derecho de las Antillas a su independencia y soberanía. Frecuentemente recibía a cubanos y puertorriqueños que visitaban la ciudad. Los que le visitaban estaban identificados con idea de separar Cuba de España para anexarla a los Estados Unidos. En ocasión de estar reunido con uno de los grupos que lo visitaban, se daba en ese día, la expedición de Narciso López con 600 hombres para invadir la provincia de Pinar del Río. Festejaban en un restaurant del «Boulevard des Italiens» cuando escucharon a los vendedores de periódicos anunciar el fracaso de la expedición. 

Betances, que en ese momento se disponía a brindar reaccionó con un enérgico mensaje que hizo a todos identificarse con su causa. Su emotiva memoria describía el momento: «La conversación seguía su curso, y cada uno de nosotros, cuando le llegaba su turno, brindaba por el gran jefe. Había llegado el mío, yo estaba ya de pie, el vaso en la mano, cuando sentimos en el bulevar los gritos de los vendedores de diarios: “¡Invasión de Cuba por los yanquis!” “¡Derrota completa de los filibusteros!” “¡Fusilamientos en masa!” «Debo decirlo. Apenas esas palabras llegaron a nosotros, yo vi lagrimas perlar los ojos de mis camaradas, que pronto les corrieron por las mejillas. Un calor extraño corrió por todo mi cuerpo, mi rostro se inflamó y en un impulso irresistible, golpeé la mesa con un vaso, que estalló en pedazos. Con un sollozo que me ahogaba lancé este grito: “¡Cuba triunfará por sí misma!”
“Fue una conmoción eléctrica. Todos se levantaron a la vez, y en un sólo clamor partió de todos los pechos: «¡Viva Cuba libre!» Caímos unos en brazos de otros. Las manos se buscaban y estrechaban con fervor. En medio de nuestros abrazos fraternos, las lágrimas se mezclaban; luego nuestras miradas fijas en el cielo se hundían en el porvenir, como bajo la impresión de una aparición misteriosa de nuestra Cuba esplendorosa, liberada por los cubanos y próspera únicamente en manos de los cubanos»... «Hubo un juramento: Trabajar hasta la muerte contra el despotismo español, en favor de la independencia de las Dos Antillas» .

La organización separatista de cubanos en Nueva York se había originado primero con un movimiento que tenía el propósito de enviar expediciones a Cuba para liberar la isla de España y anexarla a los Estados Unidos. Fue este primer movimiento el que reclutó al general Narciso López. Comprometido con este propósito, el general López, diseño la bandera de Cuba y con apoyo norteamericano invadió Cuba. Su causa fracasó cuando fue apresado y ejecutado.
El fracaso de la expedición de López, dejó en silencio la lucha separatista de los cubanos. Diecisiete años después, bajo el estandarte de la bandera de Demajagua diseñada por Céspedes, volvió el grito de guerra a Cuba. En esta ocasión la guerra se extendió por diez años. Fue una larga guerra que fracasó por falta de planificación y por las luchas internas que había entre los dirigentes separatistas del exilio.

La primera etapa de la lucha cubana contra España, quedó en el olvido, pero tomó nueva vida cuando José Martí llegó a los Estados Unidos. En territorio norteamericano se dedicó a organizar cubanos y puertorriqueños para hacer la independencia de Cuba. No pudo organizar a todos los cubanos y todos los puertorriqueños porque en el exilio había muchos hostiles a él. La mayoría de sus detractores eran cubanos y puertorriqueños que eran partidarios del anexionismo. Pero no todos los anexionistas eran enemigos de Martí.
Al iniciar la organización de su partido revolucionario, José Martí adoptó la bandera que había diseñado Narciso López. Fundado el Partido Revolucionario Cubano se organizaron numerosos clubes adscritos a ese partido, uno de esos clubes fue organizado por Sotero Figueroa, Antonio Vélez Alvarado y Pachín Marín. El núcleo revolucionario de los puertorriqueños fue inscrito con el nombre de Club Borinquen. Antonio Vélez Alvarado era vicepresidente del Club Borinquen. Inspirado por la causa martiana fue que el 11 de junio de 1892, Antonio Vélez Alvarado diseño la bandera de Puerto Rico.

Sobre el origen de la bandera que reclama haber creado, Vélez Alvarado dice: «En mi imprenta que compré a un mejicano, radicada en el séptimo piso del edificio de “The New York World”, se compusieron los primeros números de “Patria”, el famoso semanario revolucionario de Martí. Desde entonces me unió una estrecha amistad con el prócer cubano, a quien los puertorriqueños de Nueva York, casi todos, admirábamos y queríamos como si fuera hijo de Puerto Rico. Patria era doblada y empaquetada para el extranjero por señoritas cubanas residentes en Nueva York, bajo la dirección inmediata de Martí, en mi imprenta. En esta trabajaban numerosos puertorriqueños, entre los que recuerdo especialmente al escritor Domingo Collazo, a Abelardo Monje, de Mayaguez, a José Sanabria de Aguadilla y a Pachín Marín, quien era por cierto un cajista muy malo».
«Ya para ese tiempo los cubanos habían traído la bandera de la Demajagua, cuyos colores y diseños eran los mismos de la actual bandera nacional de Cuba». Para entonces, tenía ya establecido yo mi negocio de imprenta, tenía alquilado un apartamento en el número 219 al este de la calle 23, al que dieron en llamar “El Consulado Puertorriqueño” y en el que Martí era mi huesped de honor casi a diario».

Después de este relato dejó para la historia la explicación en detalles de cómo nació la bandera de Puerto Rico. Dice: «Sucedió en la tarde del 11 de junio estaba sentado frente al escritorio cuando tuve la visión que invertía los colores de la bandera cubana que tenía desplegada en la pared. Poseído por tal visión corrí a la farmacia del puertorriqueño don Domingo Peraza, compré papel de seda de los tres colores y confeccioné la bandera, tal como la había imaginado. Llevé el diseño a una vecina llamada Micaela Dalmau y ella buscó tela de los tres colores y cosió la primera bandera puertorriqueña».

A petición del propio Vélez Alvarado, doña Micaela ocultó la bandera cubriéndola con un pedazo de tela para descubrirla en la noche, cuando llevó a José Martí a cenar a esa casa. Después de la cena, que compartieron con otras personas, la señora Micaela -sigue narrando Vélez Alvarado- se sentó al piano y tocó la Borinqueña, a la vez que se exhibía la bandera que se acababa de crear. Martí la aceptó y no tardó en aparecer en diferentes ventanas de la comunidad. La idea no fue bien recibida por todos porque un cubano llamado Enrique Trujillo, el que combatía a José Martí en un periódico llamado El Porvenir, se dedicó a incitar a los cubanos contra él, diciéndoles que la nueva bandera era un ultraje a la de Cuba. «La bandera que yo diseñé -dijo- fue luego llevada a Cuba».

Reunidos en el Chimney Corner Hall, en Nueva York, el 22 de diciembre de 1895, un grupo de puertorriqueños constituídos en la Sección Puertorriqueña del Partido Revolucionario Cubano, decidió que la bandera que reclamó haber diseñado Antonio Vélez Alvarado, sería el estandarte que los partidarios de ese organismo político llevarían a Cuba. Pero ocurrió que en 1898 los Estados Unidos entraron en la guerra contra España. Las tropas norteamericanas barrieron la resistencia española en Cuba y también lo hicieron en Puerto Rico. Unos días después de llevada a cabo la invasión de Puerto Rico, los miembros de la Sección Puertorriqueña del Partido Revolucionario Cubano, se reunieron en el mismo Chimney Corner Hall para declarar disuelto el organismo político que en ese mismo lugar habían fundado en diciembre de 1895. Justificaban esta acción con el argumento de que la ocupación norteamericana de Puerto Rico había logrado alcanzar los fines para los que la mencionada Sección Puertorriqueña se había creado.

La disolución de la Sección Puertorriqueña del Partido Revolucionario Cubano no pudo evitar que en ese momento Eugenio María de Hostos fundara La Liga de Patriotas. El símbolo lo tomaron luego José de Diego y Muñoz Rivera, le siguieron José Coll y Cuchí y José E. Alegría. Más tarde se convirtió en bandera revolucionaria con Pedro Albuzu Campos y el radical partido que dirigió. Luego fue la bandera de Gilberto Concepción de Gracia y de otros que la levantaron con honor a lo largo de sus vidas.

A lo largo del siglo XX la bandera de Puerto Rico fue causa de confrontación entre las autoridades del gobierno federal y del puertorriqueño. Muchos murieron o fueron encarcelados por defenderla. La persecusión de los que defendían la bandera de Puerto Rico se hizo sistemática, y la mera posesión de ese símbolo, era motivo de persecusión.. Pero el siglo fue madurando y la bandera se fue imponiendo hasta que al llegar la década de 1990, se fue el país preparando para celebrar el centenario de la bandera puertorriqueña. Esa celebración conmemoraba el momento en que los miembros de la Sección Puertorriqueña del Partido Revolucinario Cubano, adoptaron en resolución del conjunto, reconocer la bandera como el estandarte de los puertorriqueños.

La adopción de la bandera por aquel organismo político en 1895, no negaba que la misma fuera hecha por don Antonio Vélez Alvarado. Pero en los años de la década de 1930, la mezquindad de un político llamado Roberto H. Todd, sembró la duda en la sociedad puertorriqueña, cuando dijo haber sido testigo de que la bandera la había diseñado don Manuel Besosa. Pero en ninguna parte de la larga exposición que hizo, dejó evidencia de que fuera Besosa el creador de la bandera. El propio Besosa nunca reclamó ser el autor de la bandera, y su propia hija, quien la cosió para el acontecimiento de diciembre 22 de 1895, no dijo en momento alguno que fuera su padre quien la diseño. Además, la sigzagueante trayectoria política que tuvo Roberto H. Todd, no le da el mérito para que se afirme que su palabra merecía más credibilidad que la de Antonio Vélez Alvarado.
Pero más allá del debate, que será borrado con el tiempo, y más allá de los escritos que se han publicado negándole la autoría de la bandera a don Antonio Vélez Alvarado, grandes sectores del pueblo puertorriqueño, ya tiene aceptado como día de fiesta nacional, la fecha del Once de Junio, en recordación al momento en que el enamoramiento de un hombre con la causa de la liberación de su pueblo, puso en su espíritu la idea de hacer la bandera que hoy pertenece a todos los puertorriqueños.

 

EL MANATÍ DIO NOMBRE AL RIO

El manatí (Trichecus manatus) es un mamífero acuático -no un pez- que se alimenta sólo de plantas acuáticas que busca en las aguas someras de mares y ríos o albuferas, donde habita. En el pasado abundó en las aguas de Puerto Rico. Los taínos y los primeros colonizadores de Borinquen aprovecharon su carne, su grasa y su gruesa piel. Hoy quedan muy pocos ejemplares y su captura está prohibida.

Este mamífero, que se parece mucho a la foca, alcanza gran tamaño, hasta más de cuatro metro (doce pies) y llega a pesar hasta 900 kilogramos (casi 2,000 libras). Su cuerpo es alargado, su cola ancha y aplanada y sus extremidades delanteras son aletas, todo lo cual le hace más fácil nadar. Su respiración es pulmonar, pero puede pasar bajo el agua gran cantidad de tiempo (hasta quince minutos).

 

Mar Chiquita

Cuenta el historiador que un joven de Manatí, buscaba tesoros escondidos por los piratas en los tiempos de España, encontró unos papeles en el lecho de un anciano centenario moribundo en el monte de la cueva de las golondrinas, frente a Mar Chiquita. Entre ellos había una crónica, en caracteres casi ilegibles, que nos cuenta el milagro de Mar Chiquita. Hubo una mujer rubia, atractiva, interesante y alegre, pura borincana, conocida por el nombre de Fini-Ana. Vivía en los contornos de la roca y por las montañas paseaba de lado a lado por la orilla de la gran roca junto al mar. Vestía un original traje de baño, color azabache, que contrastaba con la blancura nacarina de su piel. Ella se zambullía en las pozas llanas, pero en una desgraciada ocasión se resbaló sobre la roca mojada y cayó al mar, dentro de una Poza honda donde no podía pedir auxilio. Perdidas sus fuerzas, estaba a punto de perecer ahogada, sin remedio alguno. De momento un fenómeno sísmico y terrible, temblor de tierra. La gran roca se abrió y se separó en dos, dejando una abertura. El torrente de agua que pasaba arrastró a Fini-Ana, dejándola sobre la arena y salvándola milagrosamente. A los pocos días Fini-Ana regresó al paraje y asombrada, vio que el empuje de las olas, a través de la abertura, socavó la arena y formó una Mar Chiquita. Allí entonces ella podía nadar a su capricho, sin peligro alguno. Hoy todos disfrutamos de esta playa y comentamos el mílagro de la leyenda. Mar Chiquita ... La más bella.

 

Playa Los Tubos 

Para el año 1778, en el área este del caño «Los Tubos» se construyó la casa constitucional de España, mejor conocida como «Casa de Leyes», también conocida como La Casa de Tejas» la cual fue utilizada por las tropas españolas. El primer piso de la casa era para albergar las tropas y el segundo piso para la vivienda de los oficiales es pañoles. Debido al poco espacio del albergue, se tomó la decisión de costruir «La Aduana» (casa de albergue para víveres y tropas). Para esta «aduana» se importaba en galeones españoles y mallorquines, productos que no se producían en la isla, por ejemplo, arroz, gas y manteca. También fueron importados a través de la aduana, tropas y armamentos, las cuales fueron utilizadas en la Guerra Hispanoamericana De otro lado las exportaciones fueron: café, tabaco y cáscara de árbol de mangle, la cual se utilizaba para la producción de tintes. A principios d elos 1900, luego de la Guerra Hispanoamericana, los españoles les hicieron entrega a los Estados Unidos de todos los terrenos que cubren el área de Los Tubos. En 1910 Estados Unidos vendió los terrenos a terratenientes privados, siendo uno de estos terratenientes el Sr. Venero, que compró La Casa «La Aduana» con 127 cuerdas de terreno. Estos terrenos fueron admínistrados durante treinta años por el Sr. Antonio Soto. En 1907, el área de Los Tubos, fue dedicada a la importación y exportación de víveres en barcos de vela. Desde 1907 en adelante, los terrenos del sector fueron utilizados para la siembra de frutos menores y la crianza de ganado. Los colindantes del área de Los -1 ubos, lo fueron por el e4te, don Virgilio Ramos Casellas, y por el oeste don Juan Dávila. Durante esos años y los subsiguientes, los terrenos pasaron a varios propietarios hasta pertenecer hoy día a la administración de terrenos. En 1912, se construyó un desague para la Laguna de Tortuguero y áreas inundables, el cual desemboca en la aduana, terminando en un sistema de tubo corrugado para evitar así la erosión del terreno. De ahí el nombre de Los Tubos. Bajo la nueva generación el nombre de Los tubos es dado por el tipo de oleaje en forma de tubo que hace la ola al acercarse a los arrecifes.

 

Laguna Tortuguero

La reserva natural de la Laguna Tortuguero es de las áreas más importantes y valiosas de nuestra isla. Es uno de los cuerpos de agua dulce más grande de Puerto Rico y único en su clase. Se distingue por su gran belleza escénica, importancia ecológica y por su sistema natural rico en fauna y flora acuática. La Laguna Tortuguero ha sido reconocida como una área de planificación especial. En estas aguas podemos encontrar 19 especies de peces. Además provee a las aves un buen refugio, lugar de anidaje y fuente de alimento. También se ha observado la presencia de caimanes en el area.

Para más información y fotos puede visitar la página del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales de Puerto Rico: www.drnapr.net.

 

Antiguo Cementerio Municipal

Éste cementerio,uno de los más antiguos, es un Monumento Histórico Nacional de Puerto Rico. Su constructor lo fué Don José Fort y Medina. Para ésta fecha actual, enero de 2003,está siendo restaurado..Justo al pasar su portal, se encuentra un calvario tallado en piedra caliza conocida como La Cruz de Manatí. A ambos lados se observan mausoleos que datan del sigloXIX. En uno de ellos descansan los restos de Don Antonio Vélez Alvarado,diseñador de la bandera puertorriqueña entre otros.Localizada en uno de sus muros, hay una placa en bronce con la siguiente inscripción:

"A mediados del siglo XIX comenzaron los enterramientos en éste sagrado lugar. En 1879,gracias a Don Salvador Calaf,se erigió la solemne y monumental capilla octagonal,las tapias y la portada. Éste camposanto es un museo al descubierto que refleja la distinción noble y culta de Manatí. Y alberga entre sus muros a poetas,artesanos, libertadores, patriotas, científicos, altos militares españoles, aristrocracia y pueblo, que hicieron de esta ciudad, La Atenas de Puerto Rico. Hoy es parte fundamental de la historia de Manatí,y es la necrópolis más importante y monumental de PuertoRico".

 

Primera Iglesia Protestante 

La Iglesia Alianza Cristiana y Misionera fue la primera misión protestante en establecer una obra evangélica en Manatí en el mes de julio de 1902. Esta obra evangélica se inicia gracias a los esfuerzos del fundador del Concilio, Rev. Angel Villamil Ortiz con la ayuda de las misioneras Alicia Word y Elizabeth C. Waring. Sus primeras reuniones se celebraron en un local en la Calle Mckinley esq. Patriota Pozo.

En 1911 se inaugura el primer templo ubicado en la calle Georgetti esq. Betances en un edificio de hormigón techado de zinc y albergó a la iglesia hasta el 1957. En el 1957 se establece en un mas cómodo lugar en la Carr. # 2 esq. Calle Francisco Alvarez donde permanece hasta el mes de junio de 1999 para continuar temporeramente bajo una carpa en lo que se construía su nuevo templo en la Carr.149 en Manatí. En el mes de agosto de 2002 y como parte de la gran e histórica celebración de su primer centenario se inaugura un majestuoso, hermoso, moderno e impresionante edificio al lado del centro comercial Plaza Atenas en la Carr. 149 de Manatí. Actualmente (2003) esta antigua comunidad de creyentes es pastoreada por el Rev. Armando Miranda Zeno.

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